jueves, 1 de octubre de 2015

Veintiuno de septiembre.

Veintiuno de septiembre.

Veintiuno de septiembre,
cierro los ojos
y sueño con ese pequeño abedul
que preside solitario el centro del jardín.
Mi mente divaga,
soy un hombre
bailando alrededor del tronco la danza de los espíritus,
mientras la tierra se hiende
y arraigan mis dedos
en su alma,
alimentándose de ella.
Disuelto en mi savia
el otoño recorrerá mi ser
marchitando lentamente la hojarasca que me cubre,
que presto caerá
como lluvia de lágrimas muertas.

Afrontaré
gallardo
la penitencia del invierno,
arrostrando su embestida
de lluvia helada
sobre mi cuerpo desnudo.


que la primavera llegará
para vestirme de vida nueva.
Volveré entonces
a ser niño
inocente,
puro.

Veintiuno de septiembre,
cierro los ojos
y sueño...

(José Cidón Periañez)

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